Toscana

La Toscana es mucho más que Pisa y Florencia . Aunque estas son las ciudades más conocidas de este increíble lugar. Con la famosa Torre de Pisa y la espectacular Florencia. Con su Ponte Vecchio y su Santa María del Fiore. La Toscana, para mí, tiene olor a pueblo. A “panificio”. Y a torres con relojes a cada cual más maravilloso. También a callejuelas pequeñas con baldosas y fachadas engalanadas de flores.

La Toscana me ha regalado los atardeceres o “pommerigios” más bonitos que he visto en mi vida. Ratos de vino pegada a la leña. Ha hecho incluso que me enamore de nuevo de conducir. Pues el recorrer las maravillosas carreteras rodeadas de viñas de la Vía Francigena es sin duda algo imposible de olvidar para nadie que haya tenido la suerte de poder vivir aquí un tiempo.

San Gimignano, Volterra, Pitigliano, Sorano, Montepulciano… Y por supuesto la maravillosa Siena. La lista de lugares con encanto no terminaría nunca. Pues también estoy completamente enamorada de Massa Marítima, la ciudad en la que he pasado gran mayoría del tiempo.

La Toscana huele a paz

Esta zona de Italia huele a flores, a tranquilidad, a paz. No es un tópico ni algo que diga por decir. Te ayuda a  recordar quién eres y lo que quieres.  El mundo parece que se para aquí por las tardes, e incluso los fríos otoños son maravillosos si tienes la suerte de poder salir a correr por alguna de sus maravillosas sendas, que siempre te terminan llevando a mágicos lugares de los que siempre vuelves nueva. La Toscana invita a perderse y al mismo tiempo es el mejor lugar para poder encontrarse.

La Toscana, la tierra del vino, invita a perderse con solo mentar su nombre. Te emplazo a descubrirla saboreando cada uno de estos relatos como el buen vino: con cariño y despacito. Porque lo único que importa es disfrutar del camino.

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