Epílogo: el milagro de Liguria

Una calle de Liguria

Y después de comprender que un atardecer también puede ser el principio Anabella decidió que iba a cumplir su sueño de ver el mundo. Pero no sin antes vivir unos meses en aquellas preciosas cinco tierras de Liguria. Las tierras que vieron crecer a su madre. Y que hasta aquel momento le resultaban tan ajenas y en cuestión de un año había aprendido a amar como suyas.

15 de septiembre, era el día de la Fiesta de la uva en Riomaggiore, una de las más famosas en Liguria. Y la joven había acudido con sus nuevos vecinos Nicolás y Michela. A quienes finalmente la vida les había demostrado que sí se podía tener más suerte. Esto en el nuevo barco que habían adquirido con el dinero que les había tocado. Todo gracias a un billete de lotería que un ángel anónimo había depositado sobre su acordeón. Sin duda en la que fue su última jornada creando música por necesidad. Durante la travesía Michela tripulaba mientras Nicolás tocaba el acordeón. Éste seguía pensando, mirando a su esposa, que no se podía tener más suerte.

Un día de fiesta diferente en Liguria

La jornada transcurría festiva y animada como todos los años. Hasta que en un punto de la fiesta, justo al atardecer, comenzaron a escucharse gritos. Algunos lugareños empezaron a santiguarse e incluso huyeron asustados. Todo para disgusto de los forasteros. Pues habiendo escuchado ese mismo día la historia de Nicoleta y Leonardo y su trágico final, entraron en histeria y pensaron que su padre había regresado del más allá para ejecutar su venganza de nuevo… Tanto barullo se armó que al final tuvo que intervenir la autoridad competente.

La inspectora de Liguria llegó a la plaza y avanzó hacia el lugar dónde se había originado todo el jaleo. Una multitud de curiosos rodeaban y cuchicheaban alrededor de un par de personas que ocupaban una de las mesas del bar. La inspectora cayó de culo literalmente cuando vio a Fabrizzio Lombardi. El vecino de toda la vida al que juraría haber enterrado solo algunos meses atrás, compartiendo un tequila con su mejor amigo Luciano.

¡ Giulia, Luciano encontró en mi sótano cien botellas enteras! ¡Alessandra lo preparó todo!- fue la bienvenida que el viejo Lombardi dio a la inspectora.

Giulia estalló en carcajadas. Bienvenido- dijo, y no hizo falta decir nada más.

El desenlace de la mágica historia

Al día siguiente todos los periódicos de Liguria amanecieron con la historia del “milagro del 15 de septiembre”. Apelando al influjo mágico que la historia de Nicoletta y Leonardo ejercían ese día especial en las cinco maravillosas tierras. En la noticia completa se podía leer como protagonista a Lombardi. Este aterrado ante la idea de soportar la cotidianedad de Vernazza sin su maravillosa Alessandra. Y sin su delicioso tequila. Había decidido fingir su propia muerte y largarse a vivir sus últimos años a Benidorm. Dónde había tenido la suerte de que le tocara la lotería.

Y al recibir la llamada de su amigo Luciano, quién estaba al tanto de todo, informándole de su nuevo hallazgo, decidió que no necesitaba tanto dinero. Porque definitivamente no podía haber tenido más suerte. Ya que había podido compartir casi toda su vida con su querida Alessandra. Quién por cierto, adoraba los acordeones.

Y en aquella peculiar jornada, todos los que pudieron asistir a aquel curioso milagro también comprendieron, como Anabella, que un atardecer puede ser el principio.

FIN.

 

Si quieres leer los anteriores relatos ubicados en Cinque Terre puedes hacerlo aquí.

“Vuela”

Paisaje maravilloso desde el puerto de Vernazza

La joven Anabella llevaba un rato sentada en aquellas majestuosas rocas frente a la costa. Ante ella el mar y el horizonte se extendían formando una estampa increíble para cualquier retina. El resto de personas que estaban a su alrededor habían tenido que pestañear dos veces para poder admirar el magnífico espectáculo que era un atardecer en Vernazza, pero Anabella permanecía impávida ante aquel fenómeno, como si aquello no fuera con ella. Como si su corazón fuera incapaz de asumir tanta belleza. En su mano una carta sin abrir. Finalmente se armó de valor y lo hizo. Al pie del folio, que en aquel momento le pareció gigante, sólo una palabra:
“Vuela.”
Y una firma:
“Mamá.”

Entonces lo entendió todo


Anabella había viajado cientos de kilómetros desde el sur de Italia para poder abrir aquella nota. La nota de despedida de su madre en el pueblo que la vio crecer. Anabella pensaba que ésta se había marchado de este mundo totalmente decepcionada con su modo de entender la vida, con su modo de ser libre, con sus ganas de volar. En aquel instante un pájaro surcó el cielo y Anabella por fin comprendió todo.

Aquella tarde entendió que un atardecer también puede ser el principio.

Algunos fragmentos de poesías de Eugenio Montale sobre Cinque Terre y sobre Vernazza:

“Io per me amo le strade […] Le viuzze che seguono i ciglioni, discendono tra i ciuffi delle canne e mettono negli orti, tra gli alberi dei limoni”.

[…] “E i sensi di quest’odore / che non sa staccarsi da terra
e piove in petto una dolcezza inquieta.
Qui delle divertite passioni per miracolo tace la guerra,
qui tocca anche a noi poveri la nostra parte di ricchezza
ed è l’odore dei limoni.”

“Dal porto di Vernazza le luci erano a tratti scancellate

dal crescere dell’onde invisibili al fondo della notte.”

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