“Vuela”

Paisaje maravilloso desde el puerto de Vernazza

La joven Anabella llevaba un rato sentada en aquellas majestuosas rocas frente a la costa. Ante ella el mar y el horizonte se extendían formando una estampa increíble para cualquier retina. El resto de personas que estaban a su alrededor habían tenido que pestañear dos veces para poder admirar el magnífico espectáculo que era un atardecer en Vernazza, pero Anabella permanecía impávida ante aquel fenómeno, como si aquello no fuera con ella. Como si su corazón fuera incapaz de asumir tanta belleza. En su mano una carta sin abrir. Finalmente se armó de valor y lo hizo. Al pie del folio, que en aquel momento le pareció gigante, sólo una palabra:
“Vuela.”
Y una firma:
“Mamá.”

Entonces lo entendió todo


Anabella había viajado cientos de kilómetros desde el sur de Italia para poder abrir aquella nota. La nota de despedida de su madre en el pueblo que la vio crecer. Anabella pensaba que ésta se había marchado de este mundo totalmente decepcionada con su modo de entender la vida, con su modo de ser libre, con sus ganas de volar. En aquel instante un pájaro surcó el cielo y Anabella por fin comprendió todo.

Aquella tarde entendió que un atardecer también puede ser el principio.

Algunos fragmentos de poesías de Eugenio Montale sobre Cinque Terre y sobre Vernazza:

“Io per me amo le strade […] Le viuzze che seguono i ciglioni, discendono tra i ciuffi delle canne e mettono negli orti, tra gli alberi dei limoni”.

[…] “E i sensi di quest’odore / che non sa staccarsi da terra
e piove in petto una dolcezza inquieta.
Qui delle divertite passioni per miracolo tace la guerra,
qui tocca anche a noi poveri la nostra parte di ricchezza
ed è l’odore dei limoni.”

“Dal porto di Vernazza le luci erano a tratti scancellate

dal crescere dell’onde invisibili al fondo della notte.”

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